La espectacularización de la ignorancia (¿I?)


Qué gran verbo, el «ignorar». «Ignorar» puede ser una acción o una pasión, dependiendo de a qué nos refiramos. Puede ser desconocer por falta de input o deliberadamente hacer por apartar algo del plexo de connotaciones que constituyen lo vital.

En este titular parece obvio que se refiere al pobre lego pasivo, oh audiencia remota, que «ignora» porque carece de conocimiento, porque no recibe la información adecuada. ¿Adecuada en cantidad, en calidad… o adecuada a según qué intereses?

(Parentesis: «El País» es un diario de información. El espectáculo lo vuelve omnívoro: en vez de informar sobre las consecuencias que acarrearía no sé qué, informa sobre la existencia de ignorancia, o sea: falta de información. Dedica su tiempo a describir el paisaje resultante de su falta de profesionalidad)

La sociedad de la información era esto: Brexit, Cataluña, Venezuela: calculen las horas dedicadas al asunto en los medios de comunicación. Ahora traten de explicarse los pormenores del asunto, las consecuencias de una ruptura entre Inglaterra y Europa, el rictus demográfico del voto en el estado de Maracaibo, los nombres de los testaferros de Convergencia i Unio a.k.a. Cleptocracia i Senyera.

Ätrévete a preguntarte: si ha habido tiempo para que todos demos reconocido estos rostros, ¿por qué no sabemos la diferencia de matiz entre «prevalencia» e «intimidación»?.

No es loco creer que las masas ignoramos esos pormenores, en el sentido de no tener la información suficiente. Ignoramos las claves de los asuntos, tales como el nombre de los testaferros del Clan Pujol en Suiza. Digánnoslos. Seannos sus rostros los dados.
Oh, rostro; comunicativamente, rastro de la alarma.

 

Lo cuantitativo

Calculen los minutos dedicados a cada uno de los temas: Venezuela, por ejemplo: 20 años desde la llegada del comandante Hugo Rafael Chávez Frías al poder; 365 días al año más varios bisiestos; 5 o 10 minutos al día; resumido: 5 minutos al día por 360 días al año por 19 años = 342.000 minutos de información sobre Venezuela como mínimo = 570 horas tirando por lo bajo.

¿Es posible haber dedicado 570 horas (por lo bajo) a informarse «bien» sobre un tema y que el ciudadano medio ignoremos, como ignoran los ciudadanos a ojos de la UE las consecuencias del Brexit, qué pasa en Venezuela?

¿Para quién informaban?, ¿para quién nutrían una imagen pública de esos asuntos?

(Parentesis: «El País» podía dedicar su tiempo a explicar las consecuencias del Brexit en vez de lamentar la falta de información que tiene el pueblo sobre las consecuencias del Bréxit)

Con 500 horas dedicadas a informarse sobre cualquier tema, el ciudadano medio debería saber algo más que 5 nombres y 5 eslóganes vacíos que se renuevan cada poco.

Pero eso es lo que hay.

Es el espectáculo.

La información se ha espectacularizado hasta el punto de que es un espectáculo incluso la falta de información: el tertuliano que dice «esto no hay quien lo entienda», la presentadora de telediarios que pone cara triste y dice «nadie entiende que…», etcétera. Encender la tele y que alguien diga «esto no se entiende» es como ir al médico y que diga «esto que usted tiene duele» y nada más.

Cambien de médicos.

Si la noticia es «los ciudadanos ignoran», la desinformación ya es un elemento del espectáculo. La desinformación está actuando arma política. La ilustración hace mella como proyecto.

Atrévanse a saber: ¿cómo es posible que si le es mostrada el rostro de los cinco miembros de la llamada «Manada» el español medio pueda reconocerlos, pero que el español medio no tenga ningún discurso propio sobre los conceptos jurídicos de «prevalencia» e «intimidación»?.

¿Qué pasará, qué misterios habrá? Puede ser mi gran Bréxit…

En el manejo de esos conceptos jurídicos está la clave del asunto de la «Manada», en el manejo de esos conceptos jurídicos por parte del español medio está el termómetro de la calidad de la información.

Lo cualitativo

Ese es el nivel de las noticias que recibimos, donde solo prima lo espectacular, el rostro, la señal de la alerta; no la información en pos de un juicio crítico, el desmenuce de los elementos clave que configuran las denotaciones y connotaciones que nos arrastran.

Si la UE cree que la ignorancia de los ciudadanos es lo que hace que no sean apoyadas las opciones que ella considera más válidas , que combata esa ignorancia. Tiene todo los medios para hacerlo.

Conseguirlo es bastante fácil: que cese el espectáculo y que nos digan la verdad.

La estructura de las famosas «fake-news» es siempre la misma: empiezan por «esto no te lo contarán los medios de comunicación».

Es una crisis de credibilidad.

Solucionarla es fácil.

Basta con decir la verdad.

Digánnosla. Estamos resueltos a saber. El problema no es la ignorancia del pueblo. Sino el mecanismo que la genera y la mantiene; lo que la convierte en un elemnto que impulsa y alimenta la autorreproducción del lucro y de sus leyes. El espectáculo.

Acerca de kyriosfnet

cada vez que pongo algo en el blog, muere un gatito.
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