Secuaces de la seguridad


La elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos en enero de 2017 supuso una llamada de atención a la prensa internacional, que coincidía en apuntar al candidato a autócrata estadounidense como el síntoma de un giro en la política mundial que habría sido gestado a lo largo de las últimas décadas. Los factores económicos – declive del imperio norteamericano con el ascenso de potencias periféricas en el continente asiático, crisis de 2008, abandono de las zonas rurales de Estados Unidos, aumento del desempleo – constituyen el caldo de cultivo para la constitución de una masa de potenciales votantes cuyas disposiciones anímicas oscilan entre el miedo y el enfado. Es en este contexto en el cual las estrategias de “comunicación política” ejercen su papel canalizando tales disposiciones en aras de alcanzar la hegemonía. La irrupción de Trump en escena dio la bienvenida a la proliferación de figuras homólogas en otros países occidentales: VOX en España, Salvini en Italia, Le Pen en Francia, AfD en Alemania, son algunos ejemplos de este efecto mimético a escala internacional.

Dejando a un lado las diferencias que puedan concernir a los programas económicos en cada caso nacional particular, podemos encontrar notas comunes que conectan estos movimientos y que dotan a cada fuerza nueva de estas características que brota en cada país de un cierto aire de familia que sirve para dar sustento a su discurso: a fin de cuentas, los discursos conservadores resultan acentuados gracias a un formato retórico que subraya el estado de latencia del movimiento conservador de turno (lo que está pasando en Estados Unidos ya se está gestando también en Europa, verbigracia) y que afirma sin reparos su carácter necesario o inevitable, en la medida en que cada país se dote de ese movimiento conservador para equiparar al resto de países de su entorno. A la gestión técnica del miedo contribuye, además, el uso de los nuevos medios de comunicación y las redes sociales, las cuales desencadenan una dinámica social que oscila entre la situación de control social permanente y la irrupción de situaciones de excepción que quiebran el orden y ponen en jaque la eficacia de los dispositivos de vigilancia. La irrupción de atentados, golpes de estado y accidentes repentinos, retroalimenta y acrecienta la necesidad de control y vigilancia ante la crisis de confianza que experimenta el ciudadano. Ante la situación de miedo colectivo, el liderazgo político depende de la capacidad para exorcizar tales miedos y prometer soluciones que garanticen la seguridad. Explotar el miedo como arma electoral supone incentivar aquellas pulsiones humanas más primarias: las necesidades alimenticias, la defensa de la descendencia y las generaciones futuras, la defensa del grupo frente a las agresiones de terceros o enemigos, la conservación de la propia vida,etc. La política se muestra en estas condiciones, sin ambages, como un arte de la guerra, con una retórica ligada a la poliorcética que tiene como base el sustrato puramente biológico-etológico del comportamiento humano. Por ello cabe discutir la afirmación de Rancière, quien al ser interpelado a propósito de la actual coyuntura política global aludía al potencial simbólico de estas construcciones (nación, extranjero, defensa, retórica guerrera, etc.) Parece más bien que , pese a lo variado de las formas de expresión que adopta en los diferentes contextos, el fundamento de la nueva política conservadora mundial no es completamente arbitrario, no se trata de un símbolo elegido convencionalmente como marca o lema de cara al marketing político, sino que hunde sus raíces en estas bases biológicas del comportamiento que en definitiva son lo único que se mantiene en pie cuando la complejidad de las formas de vida humanas y la estabilidad de las instituciones entran en crisis. Ante la amenaza de un golpe o atentado que arrase con todo y ante la amenaza de un miedo de dimensiones pandémicas, se desatan las pautas de comportamiento puramente animales.

Con la llegada de Bolsonaro al poder, observamos la expansión de esta pandemia al sur del continente americano. El militar se sirve de las campañas de propaganda utilizadas por Trump, con especial atención a las redes sociales. En efecto, convertir el pensamiento humano en la reacción espontánea y visceral a los diversos tweets, memes, imágenes de instagram, etc. que pululan por la red, supone aniquilar la reflexión, la memoria y la proyección a largo plazo en favor de una reacción casi instintiva y primitiva ante estímulos externos. En estas condiciones, los ciudadanos dejan de plantearse preguntas y se convierten en blanco de tiro de los tweets y hashtags que consigan ponerse en el horizonte de mira de mayor alcance. Así, las guerras que se avecinan utilizarán como armas las bases de datos y los algoritmos con los que predecir los efectos y el alcance de los gritos histéricos lanzados al aire en un diálogo de sordos a escala planetaria.

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2 respuestas a Secuaces de la seguridad

  1. kyriosfnet dijo:

    Con Bolsonaro se ha hablado de la utilización del washupino como canal de difusión de las llamadas «noticias falsas» (no consigo dar con una traducción que me plazca) que movilizaron en su favor el electorado; déjame que te exprese de qué manera lo veo relacionado con lo que comentas:

    – Las teorías de la comunicación (teorías del proceso informativo, sociología de la comunicación, etcétera) suelen tener de fondo un balance del esquema emisor-receptor-mensaje-canal-medio-mensaje en el que prime uno sobre otro. Yo soy partidario de la narrativa elucubrada sobre la primacía del emisor y la pasividad de la(s) audiencia(s), como creo que presuponen quienes opten por una posición ilustrada o por su lado oscuro (a.k.a. el márketing).
    La gracia es que en todas esas teorías falta un elemento que en nuestra co-ti-dia-ni-daz es fundamental: el soporte. Es el soporte, amijos. Wasap es un canal/medio cuyo valor añadido es la potencial ubicuidad de emisor/receptor gracias a que se usa en soportes móviles que el receptor puede usar de forma hiper-privada. Wasap es la clandestinidad del compartir información como las apps de ligue son la clandestinidad del cortejo.

    – Entre los géneros periodísticos, hay uno que recibe el nombre de «alarma». Se caracteriza por ser informaciones breves, concretas digamos, sobre un suceso tal que un accidente de tráfico (momento radiofónico: «transmitimos una alarma que nos llega de la DGT -corte en la A6 a la altura de Pajares de los Oteros blablabla») o un incendio, o un atentado terrorista (llamadas a la donación de sangre, cortes en una carretera, etétera). Cuidao con esto último: la alarma es la información (no entramos a valorar verdadera o falsa) ligada a un suceso que trastoca la cotidianidad y que tiene por objeto generar una reacción (¿visceral?) en el receptor de cara a que modifique su conducta (v.gr. ruta para ir al trabajo). Es breve, concisa, tiene un objetivo práctico.
    El medio radiofónico ha sido generalmente el mejor vehículo para las alarmas, dado que es compatible para el receptor estár haciendo otra actividad (nos paramos a ver la tele, abrimos un navegador web, etcétera; pero podemos estar haciendo cualquier cosa mientras somos conscientes de que, como dice la canción de PEdro Mardones, «han dicho en la radio que han hallado muerto al niño que yo fui»).

    – Las llamadas fake-news (no son «alarmas» periodísticas porque su naturaleza /fake/ las saca de las categorías periodísticas «rectas») tienen ese componenete práctico implícito que señalas en caracteres instintivos-conductuales (biológico-etológicos): buscan generar una reacción, como bien señalas, primaria: alarma contra un grupo (inmigrantes, feministas rebanapenes, degenerados, drogadiktamen vario). Adscripción a quienes se han erigido líderes protectores contra esos peligros. Por eso es tan importante el canal/medio: wassap, donde no se abre debate (como en Facebook, que siempre puede venirte el tonto de turno a contrastar alguna foto incluida en la noticia que compartes o a explicictar alguna incoherencia; ni tampoco twitter, donde en el fondo todo el mundo puede ver lo que estás compartiendo y te puede generar una imagen social infame [hay twitteros que orgullosamente hacen gala de la condena que reciben -el bloqueo-]). Guasap genera las condiciones de privacidad perfectas para el intercambio de ¿fake?-facts en pos de uno de los principios de la propaganda: renovación: este es importantísimo hoy en día: se renuncia a la coherencia argumental en favor de la posibilidad de aludir a ejemplos de una lista casi infinita de casos (da igual que sean verdaderos o no) («me da igual que ese caso concreto que he mencionado tú demuestres que es falso, conozco 10.000 casos similares más»: ¿esto suena, verdad?).

    Ese embotamiento entorno a una yuxtaposición de hechos agregados y agregados y agregados es la base material (comunicativa) de ese fortalecimiento del sentimiento de grupo. Y por supuesto todo en torno al miedico. Lo que señalas: no es un diálogo auténtico sino uno entre sordos, un intercambio de soflamas partidistas desde el desprecio que genera la muerte por sobredosis de un juicio (qua criba) ahora anegado bajo cientos de hechos similares (¿qué es real?, ¿qué es falso?). Y el desprecio es el fascismo. Y las masas no fuimos engadas, deseamos el fascismo. En cierto momento, bajo ciertas circunstancias… y eso es lo que requiere explicación.

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  2. paquidermianerviosa dijo:

    No en vano tweet es una onomatopeya para el piar de los pájaros. (¿Seguro que es P.M. el autor de esa letra?)

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