Lo del «dóping electoral» es una semilla en en el bancal de tu idiotez, payas@


 

 

Lo del «dóping electoral» es una semilla en en el bancal de tu idiotez, payas@

Cierta, si no toda, parte de la oposición política y mediática al actual partido en el poder ha puesto el foco en un presunto «dóping electoral» -en referencia al uso de financiación irregular o arregular para pagar bocatas de jamón malo y vino en vasos de plástico y fuegos artificiales e iluminación y altavoces HD para el bailongo; y Concha Velasco en tanga si hace falta, ale- en los mítines; y nos lo hemos tragado con palomitas mantecosas. Desgraciadiwonder, asumir los presupuestos de esa realidad es reforzar cierta convicción: la de que la cuestión práctica del ostentar el poder en nuestras democracias depende de guíar el voto con el colorido de los mítines: a saber: provocar el «voto a estos que me cubrieron con confeti, churrasco y música de colplei». Piriod.

Los aficionados al deporte, ámbito desde el cual se lleva más allá la metáfora del «dóping», saben que el problema de éste es que haya competidores que hacen uso de técnicas (brebajes mágicos, jeringas, transfusorios, drogaína en general; y cosas así) que dinamizan la performancia física y que están prohibidos por los organismos que regulan (dictan las reglas) ese deporte (cualquier juego viene definido por unas reglas) para marcar la frontera entre lo que se puede y no se puede consumir y competir así en justa lid. Llevar eso a la política (más allá del deporte) con la metafora deportiva del «dóping electoral» hace necesario dejar la parte física en suspense y plantear de base lo que viene siendo denunciado. (Que, btw, ta’ mu’ feo.)

shara.jpg

El hecho (hipotético o provado) de que sea relevante para el resultado de unas electorianzas que una formación política disponga de más dinero que las otras, sea o no de forma irregular, a la hora de financiar sus campañas electorales debería implicar una somera reflexión sobre a qué juego se juega en una campaña electoral. Esta claro que en los 100 metrus llibres ir hasta el moño de no sé qué mierda cojonuti que me inyectan tanto en los entrenos como en la gran final me pone en una condición de ventaja frente a quien meramente se mete, a lo largo de la temporada ytalicuali, cafeína a esgaya -o cualquiera otra cosa que esté aceptada-. Piriod. ¿Pero en un debate racional puro cómo aventaja el speed, la cafeína, los esteroides, el melón con jamón?. Ay, amigo…

La cuestión política del «dóping electoral» no es tan mundana; pues aunque no hay problema para entender la importancia del dóping en sentido literal en lo que tiene que ver con el rendimiento físico, cabe preguntarse por qué en una batalla de ideas puede haber dóping. De lo que se acusa a cierto partido político no es de haber usado pasta incumpliendo las reglas acordadas de manera que presuntamente se contratare a excelsos catedráticos y reputados técnicos con el ánimo de que redactaran informes rozandín la inmejorabilidad sobre cómo tratar la situación del país, sino haber hecho con ese dinero el uso que sigue: poner la música más alta, las luces más brillantes, las escenografía más elevada; y cartelines con la cara del líder ébrigüer.

De ahí que, mientras las ventajas del dóping en el ámbito deportivo tienen una explicación directa e inmediata, en el ámbito de la pugna electoral haya de adjuntarse al análisis un factor a mayores, a saber: que la gente somos gilipoyas.

Que un partido gane o pueda ganar unas elecciones por tener más billetacos para quemar a la hora de montar sus chous de campaña quiere decir que la batalla de ideas sigue pendiente mientras el maravilloso olor del bollo preñaú y la euforia que dan el juego de luces y la orquesta prima en nuestra decisión a la hora de ejercer el voto.

La obsesión reciente de la llamada oposición con el famoso «dóping electoral» la hace no ser tal: no es oposición; es el lamento de quien pierde ante el que hace trucos de magia mejores que los suyos, la queja del trampeiro que es peor que otro trampeiro. Temerosos o incapaces, no denuncian que haya una farsa, sino que otros tengan más pasta y puedan montar una farsa mejor que la suya. Se reafirma el primado del espectáculo, teatro de juego, tablero de inmediateces. Porque sobre el tronco torcido de lo que somos es y será difícil -y nunca inmediato- construír algo recto. O por decirlo de otra manera: porque somos gilipoyas. Fin de la cita.

 

Anuncios

Acerca de kyriosfnet

cada vez que pongo algo en el blog, muere un gatito.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s