Si «p» implica «q»…


Corría un chiste por la facultad que decía algo así como que cuando el profesor d’Ors llegaba a casa utilizaba para decidir qué cenar la lógica, dibujando en una pizarra el conjunto de lo que tenía en la nevera y el de lo que le apetecía comer, centrando su apetito en la intersección de ambos, si es que esta no era un conjunto vacío.

La verdad es que el profesor d’Ors en la tarima, en la pizarra, parecía capaz de resolver cualquier asunto con un pedazo de tiza y nociones de Frege. Era, indudablemente, astuto y se acariciaba la barba ante una pregunta difícil (si es que para él las había) tal y como hacen los sabios. Era un maestro capaz de mantener a la perfección el equilibrio entre la frialdad del cálculo y la calidez del diálogo.

Para él, nuestros tropiezos no eran más que una razón para la risa y para la paideia. Una vez, convocado yo ante el encerado, dijo: “ya empieza usted a rascarse la cabeza, así que ya está usted cerca de resolverlo”. De los gestos suyos siempre recordaré esa amigable risa, ese cándido acariciarse las barbas y aquel resolutivo acomodarse las gafas previo a aclarar serenamente la tonta cuestión con la que vanidosamente estuviéramos ocupando su valioso tiempo.

Me mojó o inundó el rumor sobre su baja temporal al poco de haberme matriculado en una asignatura que se suponía que él iba a impartir. La noticia de su fallecimiento me llegó largo tiempo después de habérmelo cruzado por última vez en el campus entre idas y venidas entre los edificios “A” y “B” de la facultad, o como se llamaran. Entre una cosa y otra aún pude dirigirle un “buenos días” desde el máximo de los respetos alguna que otra vez.

Cualquier persona que haya tenido la suerte de tener un buen profesor entenderá que para escribir esto no hace falta percha alguna tomada del calendario o de lo que sea: estaba, digamos, pendiente.

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Acerca de kyriosfnet

cada vez que pongo algo en el blog, muere un gatito.
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Una respuesta a Si «p» implica «q»…

  1. Siempre tuve la sensación de que D’Ors merecía un homenaje, incluso en vida. Nadie me ha enseñado tanto tan bien. Así que gracias, porque sí, era algo pendiente. Lo mejor que recuerdo de él era su plácida sonrisa, su absoluto respeto y cómo, después de preguntas sin respuesta, me miraba a mi y me daba la palabra porque era la alumna odiosa que contestaba todo sentada en la primera fila. Me ha emocionado mucho leerlo, sobre todo porque suscribo todo lo que dices y porque, como nos conocemos, sé que lo haces con verdad. Es una pena que haya gente que no lo pudiera disfrutar, nosotros tuvimos suerte

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