La clausura del relato en cien años de soledad: historia de un punto y final


Todos los años en el mes de marzo los gitanos llegan a Macondo. La fecha de su llegada se convierte así en el punto de referencia de un espacio mítico donde coexisten pasado presente y futuro por medio de los recuerdos, visiones y presagios, que son vividos por personajes en estados cercanos a la locura o al menos en arrebatos de espiritualismo y desconexión respecto de la realidad (por ejemplo los presagios del fundador José Arcadio atado al castaño, las adivinaciones de la baraja de Pilar Ternera). De la intersección de ambos tiempos, el tiempo de los gitanos y el tiempo circular de Macondo, o dicho de otra forma, de la irrupción en éste último de acontecimientos regulares causados por la periódica visita de los foráneos, resulta la escisión del tiempo mítico en ciclos representados por las seis generaciones de los Buendía. La desaparición de cada generación está marcada por la muerte violenta o el retiro a la soledad. Cada uno de los ciclos está protagonizado por José Arcadios y Aurelianos, Remedios y Amarantas, exhuberancia y extroversión frente al retraimiento y la introversión como dos fuerzas enfrentadas en cuya dialéctica se desenvuelve el avance de la historia, el aislamiento o la unión familiar. ¿Qué es lo que rompe esa unidad atemporal inicial e introduce la historia en la novela?

 

El gitano Melquíades, por quien José Arcadio descubre los misterios de la alquimia1,viviendo en el presente de la familia Buendía, al mismo tiempo escribe en un manuscrito el futuro de la familia. De manera que el desarrollo de los sucesos de la familia y el relato adelantado del futuro de los Buendía transcurren de manera simultánea. La simultaneidad de ambos relatos permite cambiar el enfoque temporal de cada uno de ellos por separado desde el momento en que lo vemos desde el otro relato, esto es, si nos colocamos en la posición del relato de los avatares de los Buendía, el relato de Melquíades es entendido como un presagio del futuro, como la narración del futuro, y entonces ese relato de Melquíades completaría la narración inacabada de la saga de los Buendía,al añadir su futuro. Si nos colocamos en la posición de Melquíades, el relato inicial que antes tomábamos como presente se convierte inmediatamente en pasado, y entonces el relato original completaría el relato de Melquíades al añadir el pasado antes desconocido. Por medio de este acabamiento del relato, toda la historia se convierte en presente para el lector, ya acostumbrado a las continuas regresiones al pasado que lee en el relato de los Buendía ( “muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el Coronel Aureliano Buendía, había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”). Recordemos que los manuscritos son abandonados por Melquíades tras su muerte, la cual tiene lugar escasos episodios después del comienzo del relato Buendía2. La reaparición de Melquíades con los manuscritos que escribió según el cien años antes permite el retorno del lector al punto inicial de la narración en el cuál Melquíades habría comenzado a escribir. De modo que sólo un a vez pasado el tiempo y olvidado el pasado remoto, el último Aureliano descendiente de José Arcadio Buendía desvela el secreto de los pergaminos y comprende que su mujer Amaranta Úrsula es en realidad su tía, hermana de su madre Renata Remedios y que el nacimiento de su hijo con cola de cerdo y su muerte al ser devorado por una plaga de hormigas es el resultado de una maldición familiar prolongada a lo largo de cien años. Ese sería el desenlace del relato que Melquíades comenzó a escribir cien años antes.

 

En otro sentido podemos decir que el último Aureliano, al desentrañar el sentido de los manuscritos, asume la posición del lector de la novela, quien sí ha recorrido toda la secuencia de los episodios de los Buendía y conoce el incesto cometido por Aureliano y Amaranta Úrsula. De manera que en el punto final de la historia coinciden el fin de la lectura de la novela, el fin del tiempo de la maldición del viejo gitano y el fin de Macondo. El fin del tiempo de Macondo señala entonces una ruptura con la linealidad de la sucesión episódica de las vivencias cotidianas de los Buendía, pues por medio de los tres ciclos, a saber, el ciclo de Melquíades, el ciclo de Macondo y el del lector, se condensan todos los acontecimientos en un mismo presente. Dicho de otro modo, finaliza la aceleración introducida en Macondo al llegar a la quietud y la simultaneidad de cien años que aparecen representados de una vez. La maldición de Melquíades podría entenderse , en definitiva, como un sometimiento de la familia de los Buendía a las separaciones (muertes y soledades) que introduce el tiempo, brechas y rupturas que son, al mismo tiempo, condiciones necesarias para que haya relato (el de Melquíades). Esas rupturas son la causa del envejecimiento de los personajes, de la enajenación respecto de uno mismo y respecto de las cosas3, las guerras, la incomensurabilidad de las lenguas, la irreconciliable e incompatible constitución psicológica de Aurelianos y José Arcadios, de Remedios y Amarantas; la escisión también del amor, con los celos y el adulterio, la escisión de las costumbres con la irrupción del progreso, en definitiva la condición finita y mortal de los habitantes de Macondo consistente en un perpetuo ciclo de nacimiento, crecimiento, envejecimiento y decrepitud seguida de la muerte. Esta ruptura del cosmos ordenado en partes que no pueden volver a ser unidas conformando el todo porque se hallan dispersadas en el tiempo, es la causa también de las necesarias vueltas al pasado para explicar el sentido de los episodios narrados,4regresiones que no serían necesarias en una presentación simultánea de los cien años de Macondo. Sin embargo, y pese a esos recursos, el sentido se escapa y pese a la regresión y el adelanto narratológicos no es posible condensarlo en unidades de sentido, pues todas las historias conviven unas con otras, los personajes envejecen y otros nacen, de modo que se va tejiendo una maraña de vidas cruzadas en la que los protagonistas pierden el conocimiento pleno de sus circunstancias y de qué sea lo que les haya llevado hasta la situación de un momento dado. A ello se suma el olvido5 que es ineludible en el caso de una población que carece de memoria escrita al margen de los manuscritos de Melquíades. La confusión y la repetición de las diferencias entre los individuos se observa también en el desorden de los nombres: a lo largo de cien años se repiten Amarantas, Aurelianos, José Arcadios, Remedios…con una mezcla de conservación de rasgos identificativos y particularidades personales que imposibilita el total aislamiento de los individuos en cuestión, pero tampoco permite su identificación con sus ancestros. Una repetición de lo mismo que sin embargo se revela en sus diferencias en esa misma repetición.

La presentación en la conciencia del lector y de los propios personajes de toda la sucesión de episodios acontecidos en el siglo narrado de manera simultánea supone un cierre de la historia y por tanto la supresión del futuro. De manera que los habitantes de Macondo, la profecía de Melquíades y el lector llegan al mismo conocimiento de una unidad acabada y de sentido completo. Cien años de soledad sitúa la vida en la posición de la eternidad, o dicho de otro modo, imagina la vida como si ésta fuese igual a como es escrita y leída. Se coloca en la posición del fin de la Historia, entendido este fin como abolición de la linealidad que genera un compuesto de sucesos siempre incompleto y siempre por acabar. En ese punto final confluirían mito (circular, atemporal) y escritura.

 

1La presencia del tiempo exterior a Macondo se ve reforzada por la aparición de nuevas técnicas que podrían simbolizar la aceleración del tiempo. La alquimia de Melquíades es un ejemplo, así como el proyecto frustrado de la construcción del ferrocarril, la llegada de la luz, el cine, la industria bananera buscada por Mr Herbert (otro hito de la época del falso progreso) , etc. La llegada de novedades trae de la mano el aumento demográfico de Macondo, factor que contribuye a abrir y desarmar la endogamia de los Buendía. El olvido de los nombres de las cosas, aparece como símbolo de la paulatina e imperfecta industrialización de Macondo, en la cual las cosas devienen instrumentos y por tanto pierden su sentido (conocido por los habitantes de Macondo con anterioridad y recordado en sus nombres) y se convierten en puros medios, en signos de otras cosas.

 

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